Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado á su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.
Jesús revela a Nicodemo el corazón del evangelio: el amor inmenso de Dios no se limita a un pueblo, sino que abraza a toda la humanidad. Entregó a su Hijo único como regalo supremo, no para condenar, sino para salvar. La respuesta es sencilla: confiar plenamente en él. Esa fe transforma nuestra vida presente con esperanza y nos abre a una comunión eterna con Dios, libre de la muerte espiritual.